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Renovando tus fuerzas

Día 4

El ayuno no solo es una disciplina espiritual, sino una oportunidad para acercarnos más a Dios y depender completamente de Él. En medio del ayuno, es común sentir debilidad física, pero es en esos momentos donde nuestra fuerza espiritual se renueva. A través del ayuno, aprendemos a soltar lo que nos ata y a confiar en que Dios nos sostiene.

Cómo dice la escritura en Isaías 40:31:

“Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.”

Isaías nos recuerda que cuando esperamos en el Señor, nuestras fuerzas se renuevan. Al igual que un águila que se eleva por encima de la tormenta, el ayuno nos eleva en Dios sobre nuestras preocupaciones, distracciones y luchas internas, permitiéndonos ver desde una perspectiva divina. Te animo a pausar por un momento y ver como tu perspectiva a cambiado en estos 4 días. ¿Que puedes notar o percibir lo Dios esta haciendo? ¿puedes ver que en tu debilidad, el se esta haciendo fuerte? 

Que este tiempo de ayuno sea una bendición y un renuevo para tu vida espiritual.

Contigo,

Michelle

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Armados a la manera de Dios

Día 3

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.” Efesios 6:10-20

 

En medio de las demandas diarias, de las preocupaciones y las presiones que nos agobian, es fácil olvidar nuestra mayor prioridad: Dios. Las distracciones que enfrentamos a menudo nos desvían del propósito divino para nuestras vidas y nos hacen perder de vista la batalla espiritual en la que estamos involucrados.

Pero la Escritura nos recuerda que nuestra lucha no es contra lo visible, lo que podemos ver y tocar, sino contra fuerzas invisibles que operan en los cielos, fuerzas que intentan desviarnos de nuestra fe.

Dios, en su sabiduría, nos ha provisto de una armadura espiritual completa para que podamos resistir los ataques del enemigo. El apóstol Pablo nos exhorta a ponernos toda la armadura de Dios, para estar firmes y vencer las asechanzas del diablo. Esta armadura no es física, sino espiritual, y cada pieza tiene un propósito vital:

La verdad que nos ceñimos a los lomos, que nos da claridad en medio de la confusión.

La coraza de justicia, que protege nuestro corazón y nuestras emociones de los ataques de la condena y no da valentía.

El evangelio de la paz que debe ser nuestro fundamento, dándonos estabilidad y dirección en cada paso.

El escudo de la fe, que apaga los dardos de fuego del maligno, protegiéndonos de las dudas y temores.

El yelmo de la salvación, que guarda nuestra mente, recordándonos nuestra identidad en Cristo y su salvación.

La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, nuestra herramienta para atacar y defender en la batalla espiritual.

La oración constante en el Espíritu, como la clave para mantenernos alertas y en comunión con Dios.

A menudo, olvidamos que estamos en una batalla que requiere preparación diaria. La oración y la meditación en la Palabra de Dios son esenciales para fortalecer nuestra fe y equiparnos para resistir. Es a través de la armadura de Dios que podemos enfrentar los retos, y cuando estemos firmes, seremos capaces de hacer frente al mal en cada momento.

Al final del pasaje, Pablo también nos recuerda la importancia de interceder unos por otros, de orar por los demás y de compartir el evangelio con valentía. No estamos solos en esta lucha; somos parte de un cuerpo, y nuestra fuerza viene del Señor.

Te exhorto el día de hoy a que te tomes un momento para revisar cada parte de la armadura de Dios. ¿Estás cubierto por la verdad? ¿Estás caminando en justicia y paz? ¿Estás protegiendo tu mente y tu corazón? ¿Estás orando constantemente, vigilante y perseverante? No olvides que la victoria ya está asegurada en Cristo, y al ponernos toda la armadura de Dios, podemos permanecer firmes ante cualquier dificultad.

Contigo,

Liza

 

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Me glorío en ser oveja

Día 2

He notado que la oveja no es un animal muy popular. Casi siempre que le preguntas a alguien con qué animal se identifica o siente que representa su personalidad, la respuesta tiende a inclinarse a los reyes de la selva: León, Tigre etc. Pienso que debido a que estos son sinónimos de fortaleza y respeto en el mundo animal. Sin embargo, me llama la atención como la oveja es un animal muy mencionado y usado en forma de analogía en toda Las Sagradas Escrituras. 

Recordemos que según está plasmado en Las Escrituras, las ovejas eran consideradas animales de alto valor. Se usaban como intercambio económico en el mundo agrícola y eran de los animales usados para ser presentados como sacrificio ante El Señor.

Más allá, en la Biblia las ovejas se usan para representar el pueblo y los hijos de Dios. Investigando el porqué, aprendí sobre algunas características de las ovejas que desconocía. Como por ejemplo que las ovejas no tienen sistema de defensa. También que tienen gran necesidad de seguir un guía. Además, la manera de la oveja sobrevivir es estando en un rebaño y bajo la guía de un buen pastor. Sin embargo aun teniendo estos dos elementos las ovejas son propensas a volverse muy seguras de sí mismas, rebeldes o distraídas y por esto a veces se alejan de su pastor y del rebaño exponiendo así sus vidas a muchos peligros.

Aun considerando el alto valor de su lana y carne, dado lo negativo de las otras características es probable que muchos de nosotros no quisiéramos identificarnos con ser oveja. El punto es que lo queramos o no, en cierta forma, lo somos. Muchas de las características de las ovejas son parte de nuestra naturaleza innata y no lo digo yo, sino que lo podemos ver en la manera de actuar del hombre desde Génesis, Éxodo, hasta el nuevo testamento.

El mirar la naturaleza de las ovejas nos ayudara a entender nuestra propia naturaleza, sobre todo a la luz de nuestra necesidad de una relación con Jesús. Leyendo el Salmo 23, nos damos cuenta de que David entendió esto sobre sí mismo. Dado a su oficio de pastor antes de ser rey, David pudo hacer esta analogía para explicar su total necesidad de dependencia en Dios para el alimento, la protección, el descanso y dirección.

Entonces pienso que después de todo no es tan malo aceptar que tengo mucho en común con la oveja, ya que eso significa que a pesar de mi naturaleza imperfecta, no tengo que trabajar en mis imperfecciones ni enfrentar la vida sola. El ahogarme en retos y aflicciones sola/o, no es una opción cuando se que cuento con mi manada (representada por hermanos en la fe) pero sobre todo con el buen pastor, el eterno, siempre tiene cuidado para para sus ovejas.

ORACION

Amado Jesús, ayúdame a recordar que no puedo ni tengo que navegar este lado de la eternidad y sus retos sola/o. Tu palabra me insta a venir a ti cuando esté cargada y cansada. Puedo contar con tu guía, protección y provisión en todo momento. Amen

Contigo,

Cindy

Lectura sugerida:

Juan 10:14-16        

Salmos 23

2 Corintios 12:9

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Entrégale tu todo

Dìa 1

 

Un mendigo estaba sentado a un lado de la calle con el sombrero extendido pidiendo limosna.

Entonces se dio cuenta de que el Rey en persona venía con toda su corte. ¡Era su día de suerte! ¿Cómo podía el Rey negarse a darle algo?

Así que extendió su sombrero. ¡Pero el Rey, en lugar de darle algo, pidió algo! El mendigo estaba sorprendido y conmocionado. Pero queriendo ser un súbdito leal, miró dentro de su sombrero y sacó tres pequeños granos de arroz y se los dio al Rey que sonrió y siguió su camino.

Al final del día, el mendigo miró dentro de su sombrero para ver qué había allí después de su día completo de mendicidad. Para su asombro, allí, en el lugar donde habían estado los tres granos de arroz, ¡había tres pequeños gránulos de oro puro! En ese momento se dio cuenta de lo que había sucedido. Cuando le dio al Rey los tres granos de arroz, el Rey los había reemplazado misteriosamente con un regalo mayor. Al pensar en esto y en su propia renuencia inicial a dar, el mendigo pensó: “¡Oh, cómo me gustaría haberle dado todo!”.

En esta historia, tú y yo somos el mendigo, y Jesús es el Rey.

¿Con qué frecuencia dudamos en darle nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestro servicio, nuestro dinero, nuestra energía y nuestro esfuerzo? Tal vez pensamos que es porque eso nos hará perder algo. Pensamos que perderemos algo de valor temporal, cuando en realidad ganaremos algo de valor eterno. Pero como dice Hechos 20:35: “Hay más valor en dar que en recibir”.

Toma tiempo y considera ¿que te pide el Rey hoy? Al comenzar este ayuno ten confianza y paz, tal vez consideres estas dando o sacrificando mucho, pero recuerda el Rey tiene más para ti que lo que tú tienes para Él.

 

Contigo,

Kerlin

PS - Te invito adorar al Rey con esta alabanza.

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