Rendir el control

Día 12

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. Gálatas 2:20

El ayuno es un acto de entrega completa y de dependencia total. Es decir: ya no dependo de mí mismo; hoy mi sustento es completamente Dios. Y si hablamos claro, este es uno de los retos más grandes de nuestra jornada con Cristo: rendir el control. Porque nuestra cultura, especialmente la occidental, nos ha enseñado todo lo contrario. Por los ojos, por los oídos, por to’ lo’ lao’, nos han vendido la idea de que somos dueños de nosotros mismos. Nos dijeron: “no dejes que nadie te diga qué hacer”. No dejes que nadie decida por ti. Tú decides quién eres. Tú construyes tu vida. Tú trazas tu camino.” En buen dominicano: “Yo no soy muchacho pa’ que me estén controlando.”

Entonces, cuando venimos a Cristo y Él nos dice: “confía en mí”, eso choca… eso incomoda de verdad. Porque ahora la pregunta es: ¿cómo voy a confiar en que Dios tome decisiones por mí, si toda mi vida me enseñaron que yo tenía que tomarlas sola? Y por eso, vuelvo y lo digo, el ayuno es tan confrontativo. Ayunar, es decir: ya no dependo de mí. Dios es mi sustento. No dependo de mi lógica, ni de mi control, ni de mi capacidad de tener todas las respuestas. Dependo de Él.

Y seamos honestos: soltar el control nos parece rarísimo, dificilísimo y muchas veces casi imposible. Porque no estamos programados para eso. En nuestra “normalidad”, dependemos de lo que vemos, de cómo nos criaron, de nuestra percepción de las personas, de nuestras costumbres, de nuestra carrera, de nuestros logros, de nuestros talentos, de nuestras relaciones y conexiones, de nuestra capacidad de resolverlo todo. En fin, de todo menos de Dios.

Pero la verdad es que ese peso nunca fue nuestro para cargar. Tener que decidirlo todo, definirlo todo, controlarlo todo… eso cansa. Y cuando llegamos a ese punto de cansancio, de peso, de desgaste… ahí es donde entra Jesús.

Cuando miramos la cruz, entendemos algo clave: Si Él me amó lo suficiente para morir por mí, entonces también me ama lo suficiente para elegir y hacer lo mejor para mi vida. El hecho de que Él se entregó es lo que hace posible que yo me rinda.

Por eso Pablo puede decir:

“He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.”

Por lo que Jesús hizo, ya no tengo que vivir dependiendo de mí.  Ya ese no es mi trabajo. Ahora puedo descansar completamente en él. Su amor y su entrega hacen que ya no viva para mí mismo, sino que viva para él, por fe.

Así que mi invitación hoy, en este ayuno, es esta: reflexiona en el amor de Jesús. Deja que ese amor te abrace lo suficiente como para rendirte por completo a lo que Él te pide. Vivir la fe no es tener el control, es confiarle tu vida.

Y cuando Él hable:

Lo que te pida soltar, suéltalo.

Lo que te pida remover, remuévelo.

Y lo que te pida hacer, hazlo.

No por miedo, sino por confianza. Porque Él sabe mejor que nosotros lo que necesitamos.

Contigo,

Laura Santana

In English

Surrender control 

Day 12

“I have been crucified with Christ and I no longer live, but Christ lives in me. The life I now live in the body, I live by faith in the Son of God, who loved me and gave himself for me.” Galatians 2:20

Fasting is an act of complete surrender and total dependence. In other words, I no longer depend on myself; today, my sustenance is completely God. And if we’re being honest, this is one of the greatest challenges in our journey with Christ: surrendering control. Because our culture, especially Western culture, has taught us the exact opposite. It has been thrown at us in every direction, and we’ve been sold the idea that we control everything about ourselves. We were told, “Don’t let anyone tell you what to do. Don’t let anyone decide for you. You decide who you are. You build your life. You chart your own path.”

To say it in Dominican terms: “I’m not a kid for someone to be controlling me.”

So when we come to Christ, and He says, “Trust Me,” it clashes… it truly makes us uncomfortable. Because now the question becomes: how am I supposed to trust God to make decisions for me if my entire life I was taught that I had to make them myself? That’s why, fasting is so confrontational. To fast is to say: I no longer depend on myself. God is my sustenance. I don’t depend on my logic, my control, or my ability to have all the answers. I depend on Him.

And let’s be honest: letting go of control feels strange, extremely difficult, and many times almost impossible. Because we’re not wired for that. In our “normal” way of living, we depend on what we see, how we were raised, our perceptions of people, our customs, our careers, our achievements, our talents, our relationships and connections, and our ability to figure everything out. In short, we depend on everything except God.

But the truth is that weight was never ours to carry. Having to decide everything, define everything, control everything… that’s exhausting. And when we reach that point of weariness, of heaviness, of burnout—that’s where Jesus steps in.

When we look at the cross, we understand something crucial: if He loved me enough to die for me, then He also loves me enough to choose and do what is best for my life. The fact that He surrendered Himself is what makes it possible for me to surrender.

That’s why Paul can say:

“I have been crucified with Christ and I no longer live, but Christ lives in me. The life I now live in the body, I live by faith in the Son of God, who loved me and gave himself for me.” Galatians 2:20

Because of what Jesus has done, I no longer have to live depending on myself. That is no longer my job. Now I can rest completely in Him. His love and His sacrifice mean that I no longer live for myself, but for Him, by faith.

So my invitation today, during this fast, is this: reflect on the love of Jesus. Allow that love to hold you tightly enough for you to fully surrender to what He is asking of you. Living by faith is not about being in control; it’s about entrusting your life to Him.

And when He speaks:

  • What He asks you to let go, let go.

  • What He asks you to remove, remove it.

  • And what He asks you to do, do it.

Not out of fear, but out of trust. Because He knows better than we do what we truly need.

With you,

Laura Santana

 

Previous
Previous

El tiempo de Dios: Su promesa y nuestra espera

Next
Next

Elegidos por Dios