El tiempo de Dios: Su promesa y nuestra espera

Día 13

Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaias 40:31

Vivimos en una era de inmediatez: todo lo queremos con mucha rapidez. Pero Dios no opera según nuestro reloj. Su tiempo perfecto choca muchas veces con nuestra impaciencia humana.

La Biblia nos muestra que la impaciencia siempre trae consecuencias. En Génesis 16, Sarai decidió no esperar la promesa de Dios y tomó el control. Una decisión apresurada que trajo conflicto por generaciones. En 1 Samuel 13, Saúl no esperó a Samuel ni obedeció a Dios, lo que contribuyó a que perdiera su reino.

Dios nos recuerda en Isaías 55:8–9 que Sus pensamientos y caminos son más altos que los nuestros. Nosotros miramos el calendario; Dios mira la preparación, el carácter y la madurez. Esperar en Dios no es pasividad, es fe en acción: orar, prepararnos, ser fieles en lo poco y obedecer aun cuando no vemos resultados.

Nuestra impaciencia no es solo una cuestión de temperamento; revela falta de confianza en Dios. Cuando nos adelantamos, en realidad estamos diciendo: “Dios, no confío en que Tú lo harás, así que tomaré el control.” Es incredulidad disfrazada de iniciativa. Sarai confió más en su estrategia que en la promesa. Saúl valoró más la aprobación del pueblo que la obediencia a Dios.

Si hacemos un inventario sincero, descubriremos que muchas veces hemos buscado bendiciones antes de estar listos para sostenerlas: Relaciones sin madurez emocional, empleos sin sabiduría, dinero sin disciplina financiera, plataformas antes de la formación de nuestro carácter. Bendiciones prematuras que, en lugar de elevarnos, nos dañaron. No porque Dios falló, sino porque no estábamos preparados. La espera de Dios no es crueldad; es preparación. No es demora; es protección.

Confiemos en el tiempo de Dios. Las promesas de Dios son fieles y verdaderas, y se cumplen exactamente cuando Él sabe que estamos listos. A través de su hijo amado sabemos que todo lo que él prometió lo cumplirá.

 

Oración

Padre, perdónanos por las veces que nuestra impaciencia ha revelado falta de confianza en Ti. Enséñanos a esperar con una fe activa y a confiar en Tu tiempo perfecto. Prepara nuestro corazón para recibir lo que has prometido. En el nombre de Jesús, amén.

Contigo,

Frank Reyes 

In English

God’s timing: His promise, our waiting

Day 13

But they who wait for the Lord shall renew their strength; they shall mount up with wings like eagles; they shall run and not be weary;  they shall walk and not faint. Isaiah 40:31

We live in an age of immediacy; we want everything now. But God does not operate according to our clock. His perfect timing often collides with our human impatience.

Scripture shows us that impatience always carries consequences. In Genesis 16, Sarai chose not to wait for God’s promise and took control. An impulsive act that brought conflict for generations. In 1 Samuel 13, Saul failed to wait for Samuel and disobeyed God, a decision that ultimately cost him his kingdom.

God reminds us in Isaiah 55:8–9 that His thoughts and ways are higher than ours. We focus on calendars and deadlines; God focuses on preparation, character, and maturity. Waiting on God is not passivity; it is faith in action: praying, preparing, remaining faithful in small things, and continuing to obey even when we see no immediate results.

Our impatience is not merely a personality trait; it reveals a lack of trust in God. When we rush ahead, what we are really saying is, “God, I don’t trust that You will do this, so I’ll take control myself.” It is unbelief disguised as initiative. Sarai trusted her strategy more than God’s promise. Saul valued the approval of people more than obedience to God.

If we take an honest inventory of our lives, we may realize that we have received blessings we were not ready to steward—relationships before emotional maturity, jobs before wisdom, resources before financial discipline, platforms before character. Those premature blessings did not elevate us; they damaged us. Not because God failed, but because we were not ready. God’s waiting is not cruelty; it is preparation. It is not a delay; it is protection.

Let us trust His timing. God’s promises are faithful and true, and they are fulfilled exactly when He knows we are ready. Through his beloved son, we know that he will fulfill everything he promised.

Prayer

Father, forgive us for the times our impatience has revealed a lack of trust in You. Teach us to wait with active faith and to trust Your perfect timing. Prepare our hearts to receive what You have promised. In Jesus’ name, amen.

with you,

Frank Reyes

Previous
Previous

El temor del Señor es sabiduría

Next
Next

Rendir el control